El poder del «NO» en las emociones del niñ@

«No llores» , «tienes que ser valiente», «los hombres no lloran» , «¿llorando se soluciona algo?» , «¿tienes ganas de llorar?», …

¿Nos hemos parado a pensar en el poder de estas frases? No solo decimos NO a la conducta, sino que decimos con esto NO al niñ@ y a sus emociones. Aprenden a reprimir, no a expresar y, con esto,  surgirán implicaciones en su desarrollo.

No es de extrañar que eduquemos así, ya que reproducimos el mensaje educativo que la mayoría hemos recibido pero no debemos olvidar que el llanto es un mecanismo natural que debe ser usado.

Para poder proporcionar una educación emocional y que comprendan sus emociones, deberíamos desterrar ciertas frases en nuestro discurso y ciertos hábitos que dan ejemplo. Algo contrario a lo que solemos hacer cuando somos adultos debido a que tendemos a bloquear pensamientos, emociones y comportamientos, que se aleja mucho de resolver la cuestión que los provoca, tan sólo se bloquean, no se eliminan ni se reconducen.

Entonces, ¿cómo debemos actuar? A veces, en ciertas situaciones, es inevitable utilizar aquellas frases que nos decían en nuestra infancia porque la mente actúa tan rápido que no nos da tiempo a meditar la respuesta y, el estrés diario, acentúa este hecho. La tristeza, la alegría, la rabia… deben ser enseñadas desde que nacen para que reconozcan la causa y que las lágrimas son la respuesta natural ante algo que nos incomoda o nos gusta y, a su vez, poder canalizarse. Debemos ofrecer modelos de autorregulación adecuados y favorecer la capacidad de reflexionar sobre el malestar que nos proporciona.

«No llores» tan sólo favorece el afrontamiento basado en el miedo y en la negación del mensaje que el llanto ofrece. Puede llegar a ser una emoción molesta y negativa pero no quiere decir que sea insana o innecesaria. En este punto, debemos ayudarlos a aliviar y a salir de ese bucle.

¿Y si el llanto viene provocado por una rabieta? ¿Debemos permitir las rabietas? NO. Entre los 2 y los 6 años son  especialmente frecuentes pero, sobre todo, importantes. El autocontrol del adulto brindará la posibilidad de resolver la etapa con éxito aunque, en ocasiones, se pierda la paciencia, es preferible respirar, tomar unos segundos, y emitir mensajes que les transmita la aceptación de sus emociones  y el rechazo de conductas negativas.

Es una tarea difícil que cualquier experto reconocería como tal y por eso sólo se pueden buscar y utilizar las herramientas que os sirvan para actuar de la forma más beneficiosa en el desarrollo.

No olvidéis que las emociones se tornan complejas. Debemos ir enseñándoles que es compatible estar triste con estar enfadado o avergonzado. Esto irán integrándolo, poco a poco, según vayan madurando y flexibilizando su pensamiento.

En definitiva, sea la causa que sea la que provoque el llanto, debemos favorecer el análisis del niño y ayudarles a ponerle nombre al origen de su malestar para favorecer la regulación y la flexibilidad en un momento en el que sus pensamientos están desordenados y «no responden» de manera adecuada para ellos.

Espero que os haya sido útil y no olvidéis compartir!

 

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