«¡NO!» «ES POR TU BIEN»

Cuando somos pequeños, nuestro talento innato es descubierto casi al instante por nuestros mayores. Niños que no paran de correr y saltar tras un balón, otros a los que les encanta dibujar, cantar o bailar… Talentos que son apagados, en muchos casos, conforme crecemos bajo la inocente creencia de lo que nos dicen. ¿Cuántos de nosotros no hemos dicho u oído alguna vez aquello de “Eso no te va a dar de comer” “Deja eso y coge un libro”?

Estoy segura que muchos lo habéis confirmado en vuestra mente. Ahora bien, dejadme que dude que, sin esa práctica continua, hubiese existido Picasso, García Lorca o Messi (por acercarme a la actualidad).

La imposición cultural y social hace que perdamos ese talento con el que nacemos. Aquellas destrezas en las que resaltamos y, para mi desgracia, no me queda otra que afirmar que parte de culpa la tendrá la escuela, especialista en lapidar el talento, con su sistema común a todos los niños.

“Hazte un hombre de provecho” “Porque lo digo yo” “Siempre es por tu bien”

Aunque es innegable que la familia y el colegio buscan lo mejor para los niños y niñas, el miedo de muchas madres y padres de que no consigan el éxito laboral en el futuro provoca, justamente, el efecto contrario, la desmotivación. Los lanzamos hacia esa carrera que “tiene futuro”, los alejamos de la vocación, y lejos de ser feliz, terminará detestando su trabajo o abandonando por el camino.

Quizás esto último sería lo más coherente de darse cuenta a tiempo. Vivimos tan rápido que si a nosotros como adultos nos cuesta, a veces, saber lo que nos gusta y lo que no, imaginaos a un niño/a. La guardería, el colegio, el instituto, la Universidad ¿y ahora? ¿si no encontramos trabajo habrá sido falso eso de “que tenga salida”? ¿Cambiamos nuestros sueños por una nómina fija?

Una vida trabajada, esperando la jubilación para volver a la “infancia”. Volver a recordar lo que nos apasionaba, retomar aquella pintura que nos dejamos a medias, volver a pasear por el campo o por el paseo marítimo cada día o realizar viajes. Y esto, señores y señoras, es una pena. No haber podido disfrutar de la vida por miedo a esa voz que nos decía “no derroches”  “no pierdas el tiempo” “organiza bien el día” “no tengo miedo”.

Cuida tu talento para poder cuidar el de tus hijos/as

El mejor regalo que podemos hacerle es valorar su talento. Aprende a observarlo, detente en escucharlo, apóyalo en aquello en lo que sobresale. Dale valor a aquello que le apasiona porque cuando ellos se percaten de esto, su autoestima subirá al sentir la aprobación que tanto buscan de los padres y madres.

Fomentaremos en ellos/as el sentido de la autorrealización en el momento en el que se sientan valiosos y reconocidos y esto les ayudará a no dejarse llevar por lo que “debería ser de mayor”.

No pretendemos que los niños dejen de estudiar y aprender otras cosas que pueden ser valiosas para su vida. Todo aprendizaje, bien impartido, siempre suma. Pero sí que debemos saber apreciar y valorar de una forma más especial sus agudezas más profundas e instarle a mejorar en ellas, a retarse y superarse y… por qué no, a intentar vivir de ello.

Por otro lado, si estás leyendo este artículo y te has sentido identificado, quizás también es momento de volver a sacar a relucir tus talentos. Olvídate del qué dirán, porque seguro que algo dirán: “¡Eso no sirve para nada!”, “¡No tiene futuro!”, “¡Es muy difícil ganarse la vida con eso!”, etc… Así que ya sabéis “a por ello”

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